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Si
vemos el movimiento aparente del Sol, que sale por el este y se oculta por el
oeste y agregamos que los planetas, la Luna y las constelaciones también
siguen esta trayectoria en la noche, nos resultará fácil y natural pensar que
la Tierra está quieta y que todos los cuerpos celestes giran a nuestro
alrededor.
Así pensaba el filósofo griego Aristóteles, hacia el año 340 a. de C. Las
ideas de Aristóteles fueron retomadas en el siglo II d. de C. por Ptolomeo,
filósofo de Alejandría (Egipto), quien desarrolló un sistema para predecir la
posición de los planetas.
En el modelo de Ptolomeo, los planetas, el Sol, la Luna y las estrellas se
hallan unidos sobre esferas giratorias, dispuestas en forma concéntrica
alrededor de la Tierra.
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